La entrada en la caja de presalida iba a ser
espectacular. En los primeros segundos, Dean Barker
apuntaba con su proa al SUI 100 en lo que
aparentaba ser la maniobra más tradicional de Match
Race. Pero en cuanto el barco suizo orzaba, la proa
del NZL 92 caía y se colocaba a sotavento, dejando
a Alinghi fuera de la línea. Ed Baird intentaba
volver a la caja de presalida marchándose contra la
flota de espectadores. Ambos barcos iban a pelear
entre el público, ejecutando maniobras
espectaculares, virando alrededor de los barcos.

A un minuto de la
salida, el SUI 100 se hacía con la derecha y se veía obligado a virar
antes de la línea para escapar del viento sucio de las velas del NZL
92, que se colocaba a sotavento y muy pegado a su costado. Emirates
Team New Zealand cruzaba con más de una eslora de ventaja y mejor
velocidad, viraba inmediatamente y cubría así a un Alinghi que iba
arañando la ventaja kiwi en dirección al lado derecho del campo de
regatas.
A los cinco minutos
de la salida, el Defender navegaba a sotavento del aspirante y lograba
colocar su proa ligeramente por delante. En esta carrera de velocidad
pura hacia el lado derecho del campo, el SUI 100 se mostraba muy
rápido. Pero un pequeño role a izquierdas devolvía la ventaja a los
kiwis y favorecía su posición dominante. El táctico del NZL 92, Terry
Hutchinson, estaba consiguiendo arrinconar contra el layline de
estribor al táctico y patrón del SUI 100, Brad Butterworth. El caña
del barco suizo, Ed Baird, intentaba cerrar la distancia lateral con
su homólogo del barco kiwi para obligarle a virar, pero no lograba su
propósito y Emirates Team New Zealand conseguía sacar al SUI 100 del
campo de regatas.

La primera virada
tardaría un cuarto de hora en llegar. Barker se marchaba a buscar la
boya de barlovento y Baird respondía segundos después. La primera
estocada era para los kiwis, pero iba a ser mucho más importante la
segunda, la que da quien llega primero a la boya. Los kiwis
necesitaban llegar a barlovento con el SUI 100 a popa. Si los suizos
lograban colocar una pequeña porción de su proa por dentro, el NZL 92
debería dejarle pasar.
Finalmente, el
segundo golpe también lo iban a dar Barker y sus hombres al lograr
montar la boya de barlovento 12 segundos antes. Pero la tripulación de
Butterworth ejecutaba la izada de spinnaker ligeramente más rápido, lo
que les colocaba en posición de ataque en dirección a la puerta de
sotavento.

El drama llegaría
a poco tiempo de iniciar la empopada. Los neozelandeses detectaban un
pequeño agujero en su spinnaker y cuatro tripulantes corrían hacia la
proa para intentar ejecutar un cambio de vela sin arriar la primera (peeling).
Cuando Jero Lomas, suspendido en la punta del tangón, estaba a punto
de colocar el puño de amura para ejecutar la maniobra, la vela
explotaba en pedazos.
La tripulación
intentaba recuperar los jirones mientras izaban una segunda para
minimizar los daños ante un Alinghi que iba poco a poco
distanciándose. Pero el segundo spinnaker se enredaba haciendo un ocho
que dejaba el barco prácticamente clavado. Para cuando los kiwis
lograban recuperar el control de su barco, Alinghi estaba a 150
metros. Pese a todo, el SUI 100 sólo montaba la puerta de sotavento a
26 segundos del NZL 92. Los suizos se iban por la boya de la derecha a
buscar el lado favorecido por el viento y por el reglamento, mientras
los kiwis se iban a la izquierda a por viento libre.
En cuanto
Butterworth veía a Barker montar la boya, ordenaba a su caña ejecutar
una virada para ir a por él. El táctico del NZL 92 respondía, y Barker
apuntaba con su proa contra Alinghi. En el primer cruce, los suizos
llegaban con 80 metros por delante y enviaban a los neozelandeses de
nuevo a la izquierda. Atendiendo a la distancia entre ambos, parecía
increíble que el barco kiwi hubiera sufrido una rotura de spinnaker 18
minutos antes.

En el segundo
cruce, Barker había arañado 10 metros más y advertía de que la regata
no había acabado. En el tercero, la ventaja había vuelto a caer
ligeramente. Los neozelandeses estaban acercándose amenazantes y los
suizos no les iban a dejar libres. En la segunda mitad de la ceñida,
Alinghi hacía crecer su ventaja a una milla de la boya.
El cronómetro iba a
marcar 24 segundos de diferencia al inicio del último tramo. Alinghi
no se podía permitir ni un solo error en dirección a la línea de
llegada. Los kiwis lo intentaban todo, pero Alinghi se mostraba
intratable en cada maniobra hasta sumar el 3-2.

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