Justo 300 segundos
antes de la señal de salida, Ed Baird y Dean Barker llevaban sus
barcos hasta el centro del cajón de presalida, donde el SUI 100
obligaba al NZL 92 a orzar. Ambos permanecían aproados casi tres
minutos, hasta que Simon Daubney cazaba el génova para acelerar el
barco suizo. La embarcación kiwi arribaba también y se marchaba a la
derecha, con Baird acosando por popa. A 50 segundos de la señal,
Barker se veía obligado a arriesgar trasluchando delante de la proa de
Alinghi, que apuntaba directamente a su costado buscando la
penalización. Los tripulantes del SUI 100 pedían penalización, pero
los jueces entendían que la maniobra había sido legal, quizá por
apenas unos centímetros.

Alinghi recuperaba
la derecha en la salida, y ambos barcos partían con velocidades
similares, amurados a estribor y en busca del lado izquierdo del
campo. Las imágenes de televisión mostraban al táctico de Emirates
Team New Zealand, Terry Hutchinson, apretando los dientes. Los suizos
se habían hecho con el control y se los estaban llevando contra el
límite. Hutchinson necesitaba encontrar una forma de escapar, pero
conforme pasaba el tiempo y los metros, las opciones se reducían.
Barker hacía uso de
la mejor carta que tenía en sus manos, sacrificar velocidad para
cerrar la distancia lateral entre ambos barcos y así ensuciar el
viento de las velas del SUI 100. Y lo lograba. A 11 minutos de la
salida, Baird viraba. Los kiwis también lo hacían y el viento empezaba
a rolar a la izquierda, lo que colocaba al NZL 92 algo más de una
eslora por delante a 1.000 metros de la boya de barlovento.

Alinghi esperaba
hasta el último momento para virar a por el cruce. Los kiwis
aumentaban su ventaja hasta las tres esloras. A los suizos se les
había puesto cuesta arriba una regata que era suya al inicio. El
Defender iba más de 90 metros por detrás, obligado a hacer una virada
más para alcanzar la baliza. Pero en esos últimos instantes de la
ceñida, el viento se iba a la derecha para favorecer al SUI 100, que
montaba boya apenas 14 segundos después.
Alinghi trasluchaba
nada más arriar el génova, y los kiwis respondían automáticamente.
Murray Jones ascendía a lo alto del mástil del SUI 100 para buscar ese
role, esa zona del campo de regatas con más presión que llevara el
barco suizo a remontar.

La segunda
trasluchada iba a ser también simultánea. Barker y sus hombres habían
vigilado cada movimiento en la cubierta del SUI 100 para anticipar la
maniobra. En ese momento, los tripulantes de Alinghi se habían comido
la mitad de la distancia que les separaba de Emirates Team New Zealand.
En el cruce, Butterworth pedía una trasluchada más y los kiwis
esperaban minuto y medio antes de responder. La separación lateral
aumentaba hasta superar los 600 metros. Y Butterworth decidía
trasluchar de nuevo 60 segundos después. El siguiente cruce iba a
determinar qué equipo había tomado la mejor decisión. Y era Alinghi.
La llegada a la
puerta de sotavento iba a ser crítica. Emirates Team New Zealand
optaba por sacrificar distancia por velocidad al navegar más metros
para marcharse a buscar la izquierda. Escasos 11 segundos después,
Alinghi elegía lo contrario, perder velocidad pero hacerse con la
derecha, el lado favorecido por el reglamento y quizá por el role.

Al inicio de la
ceñida, el viento se iba de nuevo a la izquierda y aventajaba a los
kiwis, que navegaban en un rumbo más cerrado, alejándose hacia la
última boya. La distancia entre proas llegaba a superar los 100
metros. Pero Butterworth conservaba la calma esperando un role a
derechas. En cuanto los números del barco le indicaban que el viento
estaba donde quería, ordenaba la virada para llegar al primer cruce
una escasa eslora por detrás. En segundo estaba más cerca. Y al
tercero lo lograba. Barker viraba justo en la proa del SUI 100, pero
Baird era capaz de mantener el rumbo y colocarse por delante. El
adelantamiento era espectacular. Butterworth había arriesgado y se
llevaba el premio de darle la vuelta a la regata. Los kiwis montaban
la última boya 14 segundos después.
Los últimos metros
de la empopada final iban a ser críticos. Barker se colocaba justo a
popa de Alinghi intentando meter la proa a sotavento para orzar a los
suizos. No lo lograba por muy poco, y trasluchaba para buscar un
último role que le llevara hacia la victoria. El viento iba a
favorecer a Alinghi en la última maniobra, que en el siguiente cruce
había aumentado su ventaja de una a seis esloras. Los suizos están a
un punto del ansiado 5.

© Copyright 2007. Fondear, S.L.