Luna
Rossa hacía una clara declaración de intenciones
nada más entrar en la caja de presalida. No estaban
dispuestos a dejar que Barker controlara un solo
minuto de la regata. En vez de aproarse al viento
como es habitual en el barco que entra por el lado
de la boya (sin preferencia de paso), James
Spithill se llevaba el ITA 94 hacia la parte baja
de la caja de presalida cruzando la proa del NZL
92.
Los italianos se hacían
con la derecha en la salida y partían amurados a babor en busca del
lado derecho del campo de regatas. Emirates Team New Zealand hacía
exactamente lo contrario y se marchaba hacia la izquierda. Al inicio,
el liderazgo favorecía al barco kiwi, pero la separación lateral entre
ambos barcos y las condiciones de viento se ajustaban al estilo de
Torben Grael, táctico de Luna Rossa Challenge. Cuanto más lejos están
los barcos y más variable es la estabilidad del viento, Grael saca la
magia y demuestra por qué ostenta cinco medallas olímpicas.


Cuando el NZL 92 y el
ITA 94 estaban a más de 1.000 metros el uno del otro, Luna Rossa
decidía virar para marcharse hacia el centro del campo de regatas. Dos
minutos después, los kiwis respondían a la maniobra. Ambos barcos iban
a llegar al primer cruce una vez cumplida la mitad de la ceñida.
¿Quién llegaría con la proa por delante? Luna Rossa, sin duda. El
barco italiano navegaba a 8,5 nudos, mientras el neozelandés se
acercaba a apenas 6. Cuando se encontraban, los italianos estaban
cuatro esloras por delante.
En el segundo cruce,
Luna Rossa viraba antes de pasar por delante de la proa del NZL 92 y
dejaba la puerta abierta colocándose a sotavento. Los kiwis aceptaban
la invitación y entraban hasta la cocina sin contemplaciones. El ITA
94 había virado muy lejos del NZL 92, que mantenía su rumbo porque las
velas del barco italiano no afectaban a su viento. Con ambos barcos
amurados a babor y en dirección al lado derecho del campo, Emirates
Team New Zealand recuperaba el liderato. En cuatro viradas el táctico
del NZL 92, Terry Hutchinson, le daba la vuelta a la regata.

Los neozelandeses
navegaban a barlovento de los italianos, con buena separación lateral,
con más velocidad y con un ángulo mucho más cerrado. Se los llevaban
lejos del layline de la derecha y, cuando viraban para buscar la boya,
la primera ceñida ya estaba en sus manos. En esa posición, cuando
ambos barcos navegan en el mismo bordo con escasa separación lateral,
el viento que llega al barco de barlovento está afectado por las
turbulencias que generan las velas del que está a sotavento. Dean
Barker montaba la primera boya 19 segundos antes que el barco
gobernado por James Spithill.

En la empopada, los
kiwis lograban conservar algo más de 70 metros de ventaja a lo largo
de todo el primer bordo, que iba a ser muy largo por la posición en la
que estaba colocada la puerta de sotavento. Y conforme ambos barcos
iban acercándose a la primera mitad del tramo de popa, el viento iba
bajando paulatinamente hasta apenas superar los siete nudos. Esto
favorecería a los kiwis, que hasta ahora han demostrado que les va muy
bien con vientos flojos. El NZL 92 había ampliado su ventaja a más de
cuatro esloras cuando ambos barcos trasluchaban de forma simultánea.

Los kiwis llegaban a la
puerta de sotavento ejecutando una trasluchada menos y montaban por el
lado derecho. Exactamente 54 segundos después lo hacía Luna Rossa por
el lado izquierdo. Pero una vez más, para cuando el ITA 94 montaba, el
NZL 92 ya había virado para marcharse a cubrir cada movimiento de los
italianos. La segunda ceñida iba a ser totalmente distinta a la
primera. Los kiwis se llevaban al barco patroneado por Francesco de
Angelis hacia el lado izquierdo del campo. Asesorado por Grael,
Spithill iniciaba la guerra de viradas. Los neozelandeses respondían a
cada maniobra marchándose más de 200 metros.
La última empopada iba a
ser un paseo para el NZL 92, que anotaba así el 4-0 en el marcador
para colocarse a un paso de levantar la Louis Vuitton Cup
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