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La
2º Etapa

La
segunda etapa de la vuelta al mundo en solitario
constituye la prueba más dura para los participantes por
ser la más larga y la que se desarrolla en condiciones más
duras.
La
aproximación al círculo polar antártico atravesando los mares más
remotos del planeta, los vientos y las grandes olas y el paso del
Cabo de Hornos constituyen las mayores dificultades
Los cinco supervivientes de la VELUX 5 OCEANS zarparon el domingo 14
de enero desde el puerto australiano de Fremantle, a las 13 hora local
(6 a.m. GMT), para emprender la segunda etapa de la regata.
La segunda etapa de la regata vuelta al mundo en solitario VELUX 5
OCEANS constituye a priori la prueba más dura para los
skippers participantes.
Frente a las aproximadamente 12.000 millas náuticas del trayecto entre
Bilbao y Fremantle, esta segunda fase de la competición se extiende a
lo largo de más de 14.000 millas, e incluye la aproximación
al círculo polar antártico, el paso del mítico Cabo de Hornos
y muchos días de navegación por los mares más remotos del globo, donde
se encuentran las áreas más alejadas de cualquier punto de tierra
firme.
Dado el particular trayecto elegido por la organización, al concluir
esta segunda etapa los participantes habrán recorrido ya la distancia
de un itinerario convencional de vuelta al mundo (la línea ecuatorial
mide el equivalente a 21.624 millas náuticas). La salida se Fremantle
conducirá enseguida a doblar uno de los “grandes cabos” de la VELUX 5
OCEANS, Cape Leeuwin, que marca el extremo occidental de Australia.

Pasos
obligatorios hacia el Cabo de Hornos
A partir de este punto la flota deberá poner rumbo al suroeste en
busca del Cabo de Hornos, si bien la organización ha establecido tres
“mandatory way points”
o pasos obligatorios antes de alcanzar el punto más al sur del
continente americano. Estos tres pasos obligados son una medida de
seguridad, destinada a impedir que los navegantes alcancen latitudes
demasiado extremas y evitar en lo posible la presencia de icebergs a
la deriva que podrían provocar un trágico accidente en mares muy fríos
y remotos. El primero de estos pasos obligatorios es la Isla de
Campbell, al sur de Nueva Zelanda, última posibilidad de acercarse
a la costa antes de Cabo de Hornos.
En cuanto a las condiciones que van a afrontar los
skippers en el Pacífico
Sur, se suele decir que la meteorología en estos mares suele ser
bastante estable, poco dada a cambios bruscos, con vientos regulares y
olas muy grandes. El cielo se presenta habitualmente gris y cubierto,
con la única compañía de los gigantescos albatros. Otros compañeros
permanentes serán, a medida que los participantes vayan navegando más
al sur, los “40 rugientes” y los “50 ululantes”, el descriptivo nombre
que los marinos han otorgado a los vientos que soplan en esas dos
latitudes del Pacífico sur.

En aguas remotas y peligrosas como estas, la regata VELUX 5 OCEANS
cuenta en esta edición con el apoyo de la Royal Navy británica: el
rompehielos HMS Endurance
está de servicio en el Océano Austral, al mando del capitán Nick
Lambert y con una tripulación de 130 personas, entre ellos expertos
oceanógrafos. El buque ayudará a prever posibles dificultades
meteorológicas.
Alcanzar el Cabo de Hornos será sin duda uno de los momentos más
destacados de esta etapa, y probablemente de toda la regata. La razón
de que este punto extremo de la Patagonia haya alcanzado una dimensión
mítica para los marinos se explica fácilmente: los fenómenos
meteorológicos que se originan en el inmenso océano austral se
desarrollan sin obstáculo alguno en dirección Este, hasta encontrarse
con el estrecho de Drake, un canal de 450 millas de anchura que
separa el extremo meridional de América de la Antártida. Es decir, que
los vientos y borrascas se encuentran súbitamente con un auténtico
embudo, y lo mismo le ocurre a las aguas, que pasan en el espacio de
15 millas de profundidades de 4.000 metros a apenas 50. En estas
condiciones, si el viento sopla con fuerza las olas pueden alcanzar
los 30 metros de altura.

Últimas
dificultades
Tras doblar el Cabo de Hornos los patrones de los Open 60 que
queden en competición tendrán sin duda momentos para el descanso:
temperaturas más soportables y mares más en calma, junto al
sentimiento de haber superado el ecuador de la prueba y probablemente
los momentos más difíciles. Los
skippers tendrán completa libertad para elegir el mejor
rumbo hacia Norfolk, en la costa de Virginia, y la primera decisión
será optar por una ruta al Este o al Oeste de las Islas Malvinas.
Más tarde, después de sobrepasar Recife (Brasil) como punto más
oriental de América, podrán volver a sufrir las consecuencias de las
temidas calmas ecuatoriales, sin duda el peor enemigo del navegante a
vela. El último tramo hasta Norfolk debería, en teoría, verse acompañado
por los vientos alisios del noreste y constituir para los
participantes una ocasión para disfrutar de la travesía, si bien los
frentes que se desarrollan en el cercano Caribe constituyen en
ocasiones una desagradable sorpresa.
Antes de alcanzar destino en la Bahía de Chesapeake, el último
obstáculo para la navegación es la Corriente del Golfo en la costa
Este de los EE UU, que en algunos puntos puede alcanzar los cuatro
nudos, un serio obstáculo –especialmente en condiciones de falta de
viento- para los veleros que arriban desde el sureste.

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