Unai
a punto de chocar
con una ballena

Unai nos comentaba que después
del día de calma que tuvo ayer hoy de nuevo el Pakea ha
comenzado a moverse a una velocidad media de 10 nudos, pero
que la navegación está siendo bastante complicada ya que la
ola que se presenta le viene por su proa y convierte la
singladura en incómoda.
Al amanecer, momento en el que ha subido el viento, Unai ha
puesto un rizo en la mayor y el Pakea ha comenzado a avanzar
con alegría. El portugalujo nos comentaba que esta subida
repentina le ha sorprendido gratamente, ya que la intensidad
del mismo ha resultado estar 6 o 7 nudos por encima de lo
previsto. “En el momento en que el viento role, la
travesía será más agradable porque desaparecerá la ola de
proa” nos comentaba Basurko.
La navegada del día de ayer había estado llena de sorpresas.
La calma desapareció a las 20:00 horas, momento en el que el
Pakea se puso a 7 nudos con vientos moderados. En esas
condiciones se percató de que por la popa le seguía una
ballena jorobada de unos 8 metros de longitud, la cual
incrementaba su velocidad intentando alcanzar al Pakea. La
rapidez del barco permitió al Pakea avanzar y dejar atrás al
decepcionado cetáceo. Unai no tuvo tiempo de tomar ninguna
imagen de esta joven ballena, pero ya que el cielo estaba
claro y aún le quedaban dos horas de sol, decidió sacar a la
cubierta la cámara de fotos.
No había transcurrido ni media hora del encuentro cuando a
90º del rumbo del Pakea, por estribor, el portugalujo divisó
otra ballena de unos 15 metros dirigiéndose a su encuentro.
Unai, alarmado, comenzó a golpear la cubierta y hacer ruidos
con la intención de alertar a la ballena de su presencia.
Pero la mar estaba demasiado encalmada y el Pakea no emitía
prácticamente ningún ruido. “La sensación que tuve fue la
misma que cuando estás en una regata de Club y tienes que
calcular si pasas ante tu rival o no pasas. Cuando
definitivamente me di cuenta de que nos chocábamos, tuve que
largar la driza de la mayor en banda y arribar 50º. La
ballena pasó a 1 metro escaso del Pakea. Inmediatamente cogí
la cámara y grabé todo lo que ocurrió a continuación. La
ballena jorobada se alejó sin variar un ápice su rumbo y
cuando estaba a unos 20 metros del Pakea, soltó un coletazo
de despedida”.
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